jueves, 1 de febrero de 2007

Todos los viernes,



antes de irnos a casa, podemos escoger un libro de la Biblioteca de la clase para leerlo durante el fin de semana. No tiene por qué ser un libro de cuentos. Podemos llevarnos cualquiera de los que tenemos: cuentos, enciclopedias, diccionarios, monografías... Sí, ya sé, me diréis que a los cuatro años no todo el mundo sabe leer, y menos un diccionario, o una monografía , pero en casa hay personas mayores que sí saben y podemos leerlos con ellas, mientras miramos las imágenes; o dejar que nos lo cuenten, si es un cuento, cuando nos vamos a dormir; o pedir que nos busquen lo que significa una palabra que hemos aprendido en clase; o que nos lean cómo viven los delfines, o los osos, o las cebras...
Cuando llega el momento, la maestra se sienta en el suelo (que es dónde más le gusta sentarse), coge una hoja y escribe nuestro nombre junto al del libro que hemos elegido. Así, el lunes, cuando lo traigamos, sabrá que lo hemos devuelto y el próximo viernes podremos escoger otro diferente.
La maestra nos ha contado que en la biblioteca del cole grande, en vez de apuntar los libros en una hoja, se registran con un programa de ordenador que se llama ABIES. Así se puede saber cuántos libros se han sacado durante todo el curso, cuáles son los que más se leen, y otras cosas por el estilo. A ella le gusta más hacerlo así, pero es lo mismo, porque tiene guardadas todas las hojas de todas las semanas y, además siempre se acuerda de cuál es nuestro favorito.

2 comentarios:

Violeta dijo...

Me gusta esta imagen. Trasmite tranquilidad, dedicación personal a cada niña, cada niño.
¿Cuando le toque a la niña, que tan pacientemente espera, le pondrá la seño el abrigo? Jajaja

Cuanto más la miro más me gusta: reducción de la velocidad, slow, paciencia, importancia de las cosas aparentemente pequeñas. La imagen dice mucho de este colegio.

Un abrazo
Violeta

Zambrano dijo...

Bienvenida a éste, nuestro pequeño gran mundo, Violeta.
Casi estoy por asegurarte que esta profe sí que ayudaría a la niña a ponerse el abrigo, si se lo pidiera (sólo porque se sintiera atendida y apreciada), aunque me consta que es de las que trabaja para que las niñas y los niños adquieran toda la autonomía personal que les permita su desarrollo madurativo.
Y sí, es un gustazo ver como se da valor a lo realmente importante.